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Juv, 01.07.2021

¿Todo cambia o, nada cambia?, los líos en el Concejo Municipal de Maipú hace 100 años.

La sustracción del acta y el secuestro del secretario.

Si bien la rectitud y el buen actuar pueden declararse como principios permanentes en más de cien años de historia comunal, los episodios controvertidos y derechamente bochornosos no están ajenos en este largo periplo. De hecho, a quince años de su creación, concretamente en 1910, las sesiones municipales registran tal vez si el primer incidente a nivel de autoridades locales.

Hacia mediados de mayo de aquel año el concejo municipal se hallaba conformado por nueve miembros, dividido claramente en dos bandos irreconciliables. Por un lado, se encontraba la facción integrada por el alcalde titular Daniel Castillo, además del alcalde segundo, señor Eduardo Troncoso, y los regidores Abraham Arredondo y Luis Emilio Rojas; por contrapartida, un segundo grupo, encabezado por el alcalde tercero, señor Francisco Javier Herrera, los regidores Pedro Amengual, Ignacio Astaburuaga, Nicanor Rodríguez y Ramiro Gajardo; estos últimos acusaban al secretario en ejercicio, señor Alejandro Escobar y Carvallo, de sustraer el libro de actas y boicotear la realización de las sesiones ordinarias, impidiendo así dar cumplimiento a buena parte de las tareas alcaldicias, fomentando el malestar de la comunidad, la que se hacía evidente al percatarse de la falta de quorum para sesionar.

El origen de esta disputa debía buscarse en las elecciones celebradas el 1° de mayo de 1910, donde, según registran las actas de la época, se produjo una confusión digna de un sainete absurdo. ¿Cuál era el malentendido? Un simple enredo entre los candidatos Ramiro Gajardo y Ramón Guajardo.

El primero, cercano a Francisco Javier Herrera, había obtenido una votación mayor que su cuasi tocayo, hombre afín a Daniel Castillo; sin embargo, una errata en el registro del tribunal electoral daba como ganador a Guajardo, quedando así abierta la discusión sobre el postulante electo. Un nuevo recuento puso las cuentas en su lugar, pero la designación de Ramiro Gajardo siguió siendo objetada por el bando de Castillo, que a toda costa quería tener la mayoría en el concejo municipal.

Las sesiones posteriores a dicho entuerto transitan por esta senda de cuestionamiento y obstrucción, al punto de no registrarse actas oficiales (las que fueron sustituidas por escritos en papeles ordinarios), ni mucho menos sesiones concretamente realizadas. Como consecuencia de este accionar, el secretario Escobar y Carvallo es removido del cargo, siendo sustituido por Luis Alberto González C., quien, pese a las presiones y a un intento de secuestro que denuncia en la sesión del 16 de mayo, se desempeñará en el cargo durante un par de años, restituyendo el libro de actas.

A tal punto llegó el desencuentro al interior del Concejo Municipal, que la opinión pública se manifestó a través de la prensa local.

En carta dirigida al periódico “El Maipú” del día 16 de octubre, un vecino consigna lo siguiente: “Es una vergüenza lo que sucede en los asuntos municipales en este pueblo. El martes último se presentaron a sesión 6 municipales y en el momento de entrar a sesión se retiraron 2 municipales de los 6 asistentes, dejando sin número para celebrar sesión. Interrogado el Alcalde por qué se iba y no entraba a sesión, contestó con todo desplante, que como no habían venido sus amigos no les convenía dar sesión. Valiente contestación, señor editor, la de este Alcalde de una comuna a las puertas de la capital. Por lo que se ve, se preocupa más de la política que del bien local ¡Qué tiempos!”

No será hasta la siguiente elección de 1912, con el triunfo de Eduardo Troncoso como alcalde, que las rencillas y el fragor político habrán de calmarse, recuperándose, en parte, la normalidad de la gestión municipal.

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