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Correspondió a Carlos Llona Albizú encabezar el municipio de Maipú durante el período 1901-1904. Hermano de Agustín, primer edil en la historia de la comuna, había ocupado ya el primer sillón con anterioridad (1897-1899), por lo que este segundo ciclo fue concebido como continuación de su labor primera, marcada por su afán de introducir nuevos adelantos para la vida maipucina.

Quizá fue este énfasis modernizador el que impulsó a Llona Albizú a fijar, en sesión extraordinaria del 21 de noviembre de 1903, las bases para la construcción del primer ferrocarril a Maipú. Dichas bases estipulaban el trazado de una línea férrea mediante la concesión y privilegio a inversionistas privados. En la sesión citada, la Ilustre Municipalidad de Maipú concedía permiso y privilegio a los señores Augusto Astaburuaga y Florencio Echeverría para construir y explotar una línea férrea en la Avenida de Los Pajaritos, con destino hacia el sector de Las Rejas. Se trataba de una concesión gratuita, a dos años plazo, previo pago de una garantía de 500 pesos, la que debería ser depositada en un banco a la orden de la Ilustre Municipalidad de Maipú, pudiendo pagarse en moneda corriente o a través de bonos, y así asegurar el cumplimiento de las obligaciones que el municipio imponía.

Dentro de las obligaciones de los concesionarios se encontraba la mantención en buen estado del suelo correspondiente ocupado por la línea, el cual debía pavimentarse. Asimismo, la trocha, es decir, el ancho de la vía férrea, debía ser igual a la del Ferrocarril Eléctrico de Santiago, con el propósito de establecer un punto de conexión.

Era potestad de la alcaldía definir el modelo de carros, como también sus condiciones de mantenimiento, aseo e iluminación. Además, al estar la línea férrea rodeada de canales y acequias, especial atención merecía por parte de los concesionarios dejar expeditos los desagües, manteniéndolos en buen estado, para así evitar inundaciones y accidentes.

En cuanto a tarifas, los concesionarios podían cobrar diez centavos a los pasajeros de 1° clase y cinco centavos a los pasajeros de 2°, pudiendo variarse si la alcaldía así lo estimaba. Finalmente, el municipio, finalizada la concesión, tenía la posibilidad de comprar a los privados la línea férrea y administrarla de manera exclusiva.


Imagen : Del Libro «Pinceladas y Brochazos de un Maipucino» antiguo del escritor Guido Valenzuela

Acerca del Autor :
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Eduardo Montalbán Marambio es Licenciado en Letras ,Universidad Católica y Magister en Literatura.Universidad de Chile

Artículo forma parte del Proyecto “Crónicas Municipales. 120 años del municipio de Maipú”.

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Artículo forma parte del Proyecto “Crónicas Municipales. 120 años del municipio de Maipú”.

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