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Un campamento que saca lágrimas cuando caminas por la línea del tren en Av. Ferrocarril con av. Cuatro Álamos.
Más allá de todos los temas que se pueden hablar y criticar, la realidad práctica de las personas más vulnerables en sus Derechos, son principalmente las familias que viven en los campamentos, en especial el campamento “condominio las chalas” (véase fotografía izquierda) que está ubicado en Av. Ferrocarril con Av. Cuatro Álamos. Sin lugar a dudas, la futura Trabajadora Social, la señorita Constanza Díaz (imágen), alumna de las Universidad de Las Américas, realizó una entrevista en in-situ junto a los habitantes de aquel refugio.

La estudiante nos comentó: “Es muy compleja la situación que viven estas personas, ya que se encuentran en un estado completamente vulnerable, y no logran cubrir sus necesidades básicas. Entre sus fuentes laborales primarias podemos mencionar: el desarme de objetos eléctricos, o de lo que “pillan y lo venden” como dicen su jerga. No obstante, sus condiciones de higiene son insalubre tienen baños de poso, pero no de los que conocemos en áreas rurales, sino superficiales, es decir, que el excremento humano puede salir a brote. Y además, que en el invierno sólo utilizan plásticas para que no se les llueva su “casa”. Por ende, estamos diagnosticando una realidad de lágrimas.”

En consecuencia, podemos interpretar que es una ruptura entre la posición de la naturaleza humana impuesta por un sistema que contrapone literalmente a las posiciones socio-técnicas de educación formal y de los trabajos certificados bajo un salario comprendido. Estas dos últimas, son el logro de calidad de vida, ya que todo maipucino y chileno labora permanentemente en ello, para que este modelo sea alcanzado en plenitud. No obstante, las personas que están al margen construyen “abrigos” por necesidad fisiológica, frente a un medio que no le es propicio. Por ende, las personas de “campamentos” sólo son capaces de sobrevivir bajo una protección “desabrigadora”.

En la otra vereda, a un transeúnte le preguntamos lo siguiente: ¿Qué opina usted del campamento que está ubicado en Av. Ferrocarril con Av. Cuatro Álamos? Él nos respondió: “¡Sólo es gente drogadicta, que se dedica a robar para consumir! y ¡ya estamos cansado de esto! Y ¡el Gobierno no hace nada! Y ¡uno paga el pato!”

Ambas analogías no son semejantes, ya que la futura Trabajadora Social evidencia con datos cualitativos lo que está sucediendo, mediante la observación y el estudio de análisis corporal-secuencial; mientras que la respuesta de una persona común, no es capaz de empatizar livianamente las conductas del comportamiento humano segregado. Si bien es cierto, una alegoría es “La línea del tren”, ya que es un elemento significativo de separación social en el plano urbano, como “la bandera de Chile izada en el techo” que explica la súplica de fragilidad, y “el perro y un niño pequeño jugando con piedra y tierra” (Escúchese a “Luchín” de Victor jara). Estas imágenes son entendidas culturalmente en los “barrios de pobreza” concepto utilizado entre los años 1950-1970, luego “poblaciones callampas” entre 1970 y 1990; y “los campamentos” entre 1990 a la fecha.

Sin embargo, el argumento más solemne es del Sr. Marcel, persona que vive en el campamento “Condominio Las Chalas”, en el cual explica: “que la municipalidad no le da ningún tipo de ayuda, que solamente lo van a encuestar, pero no llega ningún tipo de solución a su petición, y la gente de los alrededores me dan comida, y ayuda. Pero, la droga por aquí no se ve mucho, porque esa gente, ellos estaban porque era súper tranquilo y nadie se mezclaba con los del al lado solo en caso de emergencia y que yo estaba muy preocupado porque al lado de la casa hay un caballero como de sesenta años que está enfermo y que ellos lo cuidan.”

Se puede apreciar que el lenguaje no es de una procedencia habitual, de las cuales estamos acostumbrados a escuchar en el plano urbano de Maipú. Estos argumentos que nos dice el Sr. Marcel es su “realidad real”, al igual que de otras muchas personas sensibles. Concluimos que las personas violadas en sus Derechos son “hijos de la violencia”, personas no desarrolladas en el afecto, en la no integración por los vicios no tratados, y de un trabajo social público deplorable que sólo atiende encuestas, y no de una intervención activa de la institución pública, como el de construir hogares sólido eficaces, y no “parches de caridad” para enfrentar un duro fenómeno, como lo es la enfermedad, los terremotos, los inviernos, entre otros.

En síntesis, a los trabajadores sociales de la institución pública de Maipú les falta una mayor “participación real activa” con labores experimentales, y no en la toma de decisiones de “planificaciones de oficina”, puesto que este campamento se encuentra desde el año 2004, cuyas lágrimas al caminar ya no salen, porque es común ver que diez años han sobrevivido duramente en la “Línea del Tren” con una “bandera de Chile izada”.

francisco DíazAcerca del autor :Francisco Díaz Céspedes

Actualmente Cursando Magíster en Filosofía de las Ciencias. Universidad de Santiago de Chile.
Magíster en Ciencia Política. Universidad Tecnológica Metropolitana.
Profesor de educación General Básica Con Mención en Educación Tecnológica y Lenguaje y Comunicación.
Licenciado en Educación. Universidad Tecnológica Metropolitana.


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